La Consciencia

Hablemos hoy de la consciencia, en primer lugar hay que diferenciar la conciencia, que es el conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal, y la consciencia, que de una manera muy primaria, es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella. Pero tiene un trasfondo mucho más profundo en el que despertamos la capacidad de un mayor entendimiento de nosotros y nuestro entorno.

Yo diría que este tipo de consciencia se va despertando por una “madurez de vida” una cierta sensatez y serenidad que lleva a una aceptación y amor por uno mismo, por las circunstancias y el entorno, es decir, la vida misma.

No hablo de edades cuando digo “madurez de vida”. Hay gente que nunca llega a ese estado por muchos años que pasen, y otras personas tienen esa cierta esencia con pocos años de edad.

Como todo, la consciencia colectiva depende de la consciencia individual.

Se define una persona consciente, como aquella que siente, piensa y actúa con conocimiento de lo que hace. Reflexionemos sobre esto:

¿Eres verdaderamente consciente de lo que sientes? ¿Eres capaz de definir y gestionar tus emociones, o éstas te manejan a ti? ¿Te desbordan tus propios sentimientos hasta llegar a sentir ansiedad, estrés, depresión, palpitaciones o dolor físico, sin ser capaz de salir de ahí y recuperar un estado de sosiego y tranquilidad?

¿Eres verdaderamente consciente de lo que piensas o pasas la mayoría del tiempo con pensamientos repetitivos vacíos de ideas? ¿Eres capaz de dirigir tus pensamientos hacia la mejor versión de ti mismo o no puedes evitar que tus propios pensamientos se conviertan en tu peor enemigo?

¿Eres verdaderamente consciente de lo que haces, por qué lo haces o por qué dejas de hacerlo? ¿Haces o dejas de hacer cosas sin realmente querer, tal vez porque todos lo hacen y te sientes “presionado” a actuar igual que los demás? ¿Eres capaz de ser estable, firme, entender y decidir tus actuaciones o a veces no sabes por qué haces lo que haces?

Es importante hacernos estas preguntas. Cuando la vida empieza a ser consciente, hay un camino interior de introspección, de conocimiento y sabiduría.

Es un camino, a veces largo, a veces difícil, en el que te encuentras con tus miedos, tus sombras, tus inseguridades, tus limitaciones…

Y las vuelves conscientes, es decir, les das luz y entonces ya no tienen poder sobre ti.

Hay una frase muy sabia que dice, “lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Es una gran verdad, sólo hay que dar luz para hacer desaparecer la oscuridad.

La oscuridad no existe por sí misma, es sólo ausencia de luz, igual que el miedo sólo es ausencia de amor. Es a través de esa luz que la inconsciencia, la inercia y el automatismo se transforman en consciencia. Y esa luz no es más que tu propia presencia.

Cuando estás presente todo se transforma.

En ese momento comienzas a sentir plenamente tus emociones, a aceptarlas, reconocerlas, expresarlas y gestionarlas. No intentas huir o negar tus sentimientos sino que los abrazas, los sientes y por lo tanto consumes su energía y se transforman.

Empiezas a elevar tus pensamientos, a cambiar el enfoque hacia el mayor beneficio para ti, dejando atrás lo conflictivo para entrar en un estado de bienestar. Dejas de luchar con la voz de tu cabeza que te limita y te juzga, no entras en ese juego. Simplemente decides enfocarte en lo bueno, en tu superación. Ves ese lado inconsciente como un niño pequeño que no sabe lo que dice, con una sonrisa decides no dar energía a ese pensamiento negativo y agradecer por todo lo bueno que hay en tu vida.

Comienzas a saber lo que quieres y lo que no quieres. Empiezas a saber quien quieres ser, y sobre todo a saber cual es el propósito de tus actos y si te acercan a ser tu mejor versión. Si cada uno de tus actos te aporta buena energía, si los sientes beneficiosos para ti, para tu cuerpo, para tu mente y para tu espíritu. Por lo tanto dejas de hacer lo que no te satisface, te sienta mal, no te enriquece como ser humano o no te apetece. Ya no haces cosas por inercia, por la simple presión de que lo hagan todos los demás, o sentirte culpable al compararte con el resto.

En definitiva, comienzas a amarte.

Esto es además, entrar en un estado de coherencia en cuerpo, mente y alma o lo que es lo mismo un estado de coherencia desde las acciones, los pensamientos y las emociones.

En este proceso de consciencia puede que descubras pensamientos nocivos que te hacen daño, que te limitan, te juzgan o te encarcelan en un estado de sufrimiento, estos pensamientos se repiten una y otra vez aunque no te des cuenta, no tengas conocimiento de ello, y así se convierten en creencias. Estas creencias te invaden en forma de emociones. Esa energía queda anclada, estancada, atrapada en tu cuerpo y cuanto más se rechaza menos se consume y más se estanca. Y es entonces cuando esa energía aparece en forma de acción, tal vez por hacer algo que no querías o tal vez por no hacer lo que quieres, pero ese impulso de la acción proviene del miedo no del amor.

Es un camino que necesita mucho coraje, es decir, fuerza del corazón, voluntad. Se necesita estar alerta, estar presente en tu vida, tomar las riendas.

Vivir en un mundo de inercia como “marionetas” sin pensar por ti mismo, sin entender lo que sientes, sin elegir cómo actúas, sin vivir con conocimiento, es muy tentador y muy adictivo, puesto que ese estado de inercia colectivo e individual se va convirtiendo en tu zona de confort, y despertar y salir de ahí, se vuelve difícil y costoso. Te apegas tanto al “camino fácil” que da mucha pereza salir de ahí. Y cuanta menos atención y presencia das a tus sentimientos, pensamientos y acciones más difícil es despertar la consciencia.

La inercia y la inconsciencia nos lleva de un lado a otro como un trozo de madera a la deriva. No sabes donde vas, no sabes dónde quieres ir, no sabes dónde llegarás…

Todos haciendo lo mismo, los mismos pasos, las mismas modas, las mismas ideas, pensamientos, creencias, actuaciones…dejamos de ser creativos, mentes despiertas, corazones abiertos.

Eso no es natural.

Todos somos únicos, diferentes, con una naturaleza propia, una esencia pura, con un propósito nuevo, diferente, que cambia el mundo una y otra vez.

Últimamente observo a personas con las mismas caras y no las puedo diferenciar, son personas sin personalidad, es decir, sin los rasgos o cualidades que las diferencian de las demás. Todo por encajar en un conjunto de incoherencias. Por comparación. Por ser uno más. O lo que es lo mismo, dejar desaparecer tu propia luz, tu propia esencia, tu propia humanidad.

La cuestión es ¿eres feliz así? ¿Te hace feliz?

Llegar a descubrir tus propias sombras es el paso más importante. Todo lo demás es una decisión, estar en presencia de tus pensamientos, emociones o acciones.

Una herramienta muy efectiva es tener plena atención en tu respiración.

Es fundamental entender que un pensamiento repetitivo se convierte en creencia, lo que significa que podemos tener nuevos pensamientos, beneficiosos para nosotros mismos y con ello cambiar las creencias.

Por supuesto, los momentos claves para el desarrollo de la consciencia son los obstáculos o situaciones no favorables. La mayoría os habéis identificado con el estrés y la ansiedad, es en esos momentos cuando es fundamental gestionar las emociones y es la oportunidad perfecta para el aprendizaje.

Algo que a mi me ayuda mucho es escuchar mis emociones, saber cómo me siento. ¿Se siente bien o mal? Cuando lo pones en práctica es muy fácil entenderlo, lo siento bien cuando mi corazón se expande y se siente mal si mi corazón se encoge. Lo uso como mi guía interna y me ayuda mucho. Obviamente si se siente mal dejo de hacerlo, si se siente bien incluso aunque tenga “inseguridad” o “miedo” por creencias limitantes, lo hago.

Creo que lo más sano es el equilibrio, no puedes tener el control de todo, es sumamente estresante, tampoco puedes hacer todo por impulsos, inercia o de manera automática, es sumamente inconsciente y por lo general nos limita como seres pensantes y creativos.

Hay que dejarlo fluir, entender que versión de nosotros queremos alimentar, y hacer lo máximo que podamos en cada momento dejándolo ser, es decir, aceptar el momento presente, aceptar el proceso y fluir con ello en consciencia.

Tal vez debemos volver a renovar la mirada, para saber qué es para nosotros la belleza de la vida, la belleza de la naturaleza, las infinitas posibilidades de cada persona y su infinita capacidad de ser, de crear, de cambiar y renovar. Volver a descubrirla capacidad del ser humano para amar. Para amarse a sí mismo y a los demás.

Siempre nos lo recordará nuestra huella dactilar, somos únicos, en un mundo sin igual.

Algunas de vuestras respuestas:

La consciencia es estar atento

Necesito aprender a relajarme y no dejarme llevar tanto por mis impulsos negativos.

Dejo espacio a mis emociones.

A veces hago cosas que me perjudican porque así tengo algo de lo que quejarme o algo a lo que culpar por no alcanzar mis metas.

Vivir la vida, salga bien o salga mal.

Trato de querer ser quien soy.

Lo que menos me gusta de mi mismo/a es mi inseguridad.

Lo que menos me gusta de mi es ser tan dura conmigo misma.

Estoy aprendiendo a enfocar mi mente en las cosas que si quiero y no dar atención a las que no quiero.

Lo que más me gusta de mi son mis ganas de aprender.

No estoy segura pero puede que a veces haga cosas que me perjudican a mi misma.